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Fue la actriz más atrevida y adelantada a su época durante los locos años 20. Su peinado marcó tendencia. Por culpa del puritanismo de sus compatriotas, tuvo que abandonar los Estados Unidos para proseguir su carrera en Europa, al lado del realizador alemán G.W. Pabst. Con él filmó dos obras maestras del cine mudo. Una leyenda del feminismo más frívolo y ambiguo.